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The Spirit
Frank Miller: Autor de cómics y cineasta, Director de «Sin City», «300» y «The Spirit»

«El estilo no se busca, refleja lo que uno es»


Frank Miller

Frank Miller tiene 51 años y no se puede decir que aparente muchos menos, pero es un hombre socarrón e inteligente, siempre con algo interesante a punto de salir de su boca, aunque no pueda reprimir un carraspeo después de cada pregunta. El cineasta, que empezó como dibujante de novelas gráficas y guionista, confiesa que cuando le ofrecieron dirigir «The Spirit», albergó algunas dudas: «Me lo pensé mucho. Unos tres minutos después, volví y dije que no iba a permitir que ningún otro tocara la historia». Discípulo de Will Eisner, autor del cómic en el que se basa la película, explica que sus reparos iniciales «tenían que ver con que esta obra es algo tan venerado que dudé si podría hacerle justicia. Entonces me di cuenta de que Will me habría abofeteado por tener miedo de enfrentarme a un reto semejante. Era un maestro muy estricto y no aguantaba a los cobardes».

Sobre la selección del reparto, Miller cuenta que «la única persona de la que estaba completamente seguro era Samuel L. Jackson». «Tenía otras personas en mente», añade. «Algunas las terminé consiguiendo, otras no, pero el mayor misterio era quién iba a ser El Spirit. Le dije al estudio que no quería una estrella, sino que el público pensara en el personaje sólo como Spirit. Era como cuando estaban haciendo «Lo que el viento se llevó» y buscaban a Scarlett O´Hara. Después ver a muchos, muchos actores, llegó Gabriel Macht. Aportó al papel algo muy raro entre los actores de hoy en día: hombría».

«300» fue vista por muchos como una exhibición homosexual. En esta ocasión da rienda suelta a casi todas las fantasías masculinas heterosexuales. Entre risas, Miller replica que «300» era «una historia bélica sobre muchos héroes y «The Spirit» una historia de crimen sobre un héroe. El punto central de mi carrera siempre ha sido el héroe. Y si algunos de los tipos cachas de «300» alegraron la vista a algunas personas, yo estoy encantado».

El artista presume de no trabajar pensando en el público: «Yo nunca pienso en llevar algo especial a un tipo específico de personas, nunca lo hago en esos términos. Quería ser fiel a la intención fundamental de Will Eisner. Una de las cosas que define El Spirit es que no es en absoluto para niños. Él y los otros personajes hacían cosas por motivos muy adultos. Si uno no ha vivido una vida completa, llena, es difícil comprender la historia. Con «300» yo buscaba la épica clásica del héroe eterno y dar vida a una historia asombrosa, pero contándola como si estuviese en un campamento rodeado de gente alrededor de una hoguera nocturna. ¿Qué significa eso? Contar la verdad pero no las realidades. «Spirit» es más una celebración de esa caballerosidad, del hombre cabal, una noción que se ha ido perdiendo en nuestros tiempos».

Miller, por último, habla sobre el sello inconfundible que tienen sus obras: «Yo soy quien soy. El estilo no se busca, es el reflejo lo que uno es y de lo que piensa, no es algo que uno vaya configurando para impresionar a la gente».





Tras dirigir junto a Robert Rodríguez «Sin City», el dibujante presenta «The Spirit», que adapta otro famoso cómic

Frank Miller: «Sólo yo podía realizar este proyecto»


Gabriel Mach es Spirit, el policía muerto que regresa a la vida para repartir justicia en un filme que también protagonizan Eva Mendes, Scarlett Johansson y Paz Vega

Como Spirit, lleva un sombrero en su reciente visita a Madrid, aunque menos elegante que el del atípico superhéroe creado por otro grande del cómic, Will Eisner.

Cuando el visionario dibujante de cómic Will Eisner murió en 2005 a los 87 años, alguien tuvo la loca ocurrencia de volcar en la gran pantalla las aventuras de Spirit, su personaje icono, un superhéroe distinto, elegante, un muerto que regresa a este mundo y a quien le gusta caminar de noche por Central City, el pastiche urbano que ama igual que a las mujeres. Spirit regresó de pronto a la vida aunque sin poder alguno (no puede volar, ni subir por las paredes, ni doblarse, ni posee la fuerza de un mihúra) pero capaz de soportar todos los golpes, por brutales que sean, y de recuperarse de los moratones en apenas unos minutos. En principio, otro maestro del arte gráfico, Frank Miller («Sin City», «300», «El regreso del caballero oscuro»...), dudó: ¿Podía él dirigir una película basada en la obra magna de su mentor? Pasado un tiempo, sin embargo, contestó tajante a los productores: «No puedo dejar que ningún otro lo toque». Y Miller, que lleva, como Spirit sombrero, y parece ligeramente achispado o feliz de estar en España, añade que «Yo era la mejor opción para dirigir la película, a menos que Fritz Lang hubiera regresado de la tumba... Hice un trabajo consistente y sólido».

Creado como un inserto semanal de tres o cuatro viñetas dentro de un periódico, aquella serie protagonizada por un policía invencible vestido de negro revolucionó el cómic desde los puntos de vista formal y narrativo: «Cuando Eisner ideó a este hombre no se basó en otras leyendas existentes como Superman o Batman, sino en revistas que conocía, tipo “Sombra”, de los 40 y que poseían un espíritu bastante elegante, con aquellos hombres de buen traje y buena corbata», subraya Miller, que titubea un poco y se rasca distraído la mejilla.

Una Fiera Amistad

Amigo personal de Eisner, precisamente Miller decidió dedicarse al mundo del cómic tras conocerlo en una fiesta neoyorquina: «Estaba escribiendo y dibujando uno de mis primeros números de “Daredevil” para la Marvel. Eisner le echó un vistazo a la primera página y me dijo qué no funcionaba. Discutimos entonces sobre la utilización del texto, lo que se convirtió en un debate que duró un cuarto de siglo acerca de cómo conseguir que un cómic funcione. Tuvimos una fiera y entrañable amistad». Y quizá por ello no le asusta imaginar qué pensaría Eisner sobre el filme de estar todavía vivo: «Habría dicho que las mujeres están deslumbrantes y que el lugar está muy bien tratado. Y Spirit».

Lo que no significa que Miller, un tipo que parece tímido y un tanto zarrapastroso, admita sin ambages que sintió «mucho miedo mientras preparaba la película, en serio, pero ninguno que quiera compartir...» ¿Ni uno solo? «Bueno, sí, temía que el viejo Will regresara de la muerte para romperme la cara...», y Miller sonríe de manera extraña sin mirar a nadie mientras me fijo en las numerosas manchitas rojas que cubren su rostro. Los problemas de una piel delicada. En cuanto al carácter paródico que me da la impresión posee la cinta, no lo tiene claro: «Se trata de otra cosa, de una celebración que proviene de la libertad que otorga manejar dibujos animados. Sí posee la película toques sarcásticos, y humor, lo que tiene que ver con la obra original y la propia manera en que Eisner lo concebía y que yo comparto plenamente». Y Miller habla de proyectos, pero sólo dos palabras y demasiado vagas: «Tengo ahora un guión, la segunda parte de “Sin City”, y otra cosa entre manos, pero debe tratarse de algo fresco. Ahora, con esta explosión en todos los medios por “The Spirit”, estoy viviendo un momento especialmente emocionante». Ya que hablamos de ello, aclaremos que Miller debutó como cineasta en 2005 con ese soberbio filme, adaptación de su propia historia que dirigió junto a Robert Rodríguez. El texano que, dice Miller, «me enseñó que las herramientas del cómic y el cine son las mismas, y que las reglas se aplican de igual manera. Un gran héroe y una gran historia lo son siempre, ya hablemos de un arte u otro».

Papel Fugaz

Y Miller, que es un señor simpático y un poco «friki», sólo pierde la paciencia cuando alguien quiere saber los motivos por los cuales eligió a Paz Vega para el papel fugaz de vengativa y sensual bailarina francesa: «¿Qué por qué la elegimos? ¿Estás ciega? Le aportó al papel lo que yo necesitaba. Ella no es humana», apunta el gran Frank Miller, que como vino de contento se fue.





El actor estadounidense encarna a Octopus en 'The Spirit'

Samuel L. Jackson, el malo más rentable


Samuel L. Jackson, como Octopus en The Spirit

NUEVA YORK - Una calvicie se asoma desde un sillón del que a su vez salen un par de piernas que reposan sobre una mesa. No es una adivinanza. Es Samuel L. Jackson visto desde atrás. Así recibe a la prensa, cómodamente despanzurrado en un lujoso hotel neoyorquino. Cuando la periodista se acerca a saludarle, el actor, que acaba de cumplir 60 años, ni se inmuta. Pero pese a su aparente pasotismo, el hombre más rentable de su profesión -según el Libro Guinness de los récords, las películas que ha protagonizado han recaudado en conjunto casi 7.000 millones de euros- es un tipo bastante agradable. Eso sí, en su último filme, The Spirit, de Frank Miller, no es ningún encanto; más bien provoca pesadillas: Octopus, el ser malvado que el dibujante Will Eisner concibió como un par de guantes sin rostro y al que ahora Samuel L. Jackson le ha prestado su imagen. "Siempre he sido un fan de los cómics, así que me encanta poder interpretar a sus personajes". En Iron man hacía un breve cameo como Nick Furia que crecerá en la segunda parte. Y si le ofrecieran otra superproducción nacida de una viñeta, la aceptaría sin pensar mucho porque además, el cine de acción o fantasía, concebido para el mero entretenimiento, es su debilidad.

Pero no todas las películas lights son iguales. Pulp fiction, de Quentin Tarantino, con la que Jackson se convirtió de la noche a la mañana en celebridad, tenía un guión inteligente y cinemáticamente era innovadora. Su reciente Serpientes en el avión, en cambio, carecía de todas esas cualidades. "Yo sé que hay actores que ni se leerían un guión con ese título. ¡Pues peor para ellos! A mí me encantan todas las películas. Las serias, las que tienen subtítulos y las que ves devorando palomitas".

Superó sus múltiples adicciones hace dos décadas, cuando tras pasar por un centro de rehabilitación, se embarcó en una carrera por acumular títulos que le ha llevado a participar en más de cien películas, serias como Haz lo que debas o lights como Parque Jurásico. Las ha visto todas, y algunas, varias veces, palomitas en mano. "Esos actores que dicen que no les gusta verse a sí mismos en el cine, mienten. Si no te gustas, ¿cómo puedes esperar gustarle al público? Yo además voy a ver mis películas a las salas comerciales, con público real". También le gusta jugar al golf -"Me relaja"- y bucear, porque antes de dedicarse a la interpretación, quiso ser biólogo marino y arquitecto. "El mundo que hay bajo el agua es más interesante que el que hay arriba. Pero cuando paseo voy mirando edificios. El Guggenheim de Bilbao está entre mis predilectos". Entre las cosas más raras que ha hecho, que no son pocas, está el haberle puesto voz a Dios en un audiolibro del Nuevo Testamento. "Ser Dios durante un rato... ¡eso sí que es entretenido!".







Frank Miller

Es un hombre de los de antes, con sombrero de cowboy, ni un atisbo de sonrisa y mirada al mismo tiempo pentrante e indiferente, como un pistolero del Oeste decidiendo en qué momento va a sacar la Colt. Frank Miller (Maryland, 1957), mito del underground, codirector junto a Robert Rodriguez de Sin City, creador del cómic en el que está basado el superéxito 300, se estrena como director en solitario con The Spirit, espectacular superproducción con la que rubrica su año de gloria, no en vano El caballero oscuro, la película más exitosa de 2008 en el mundo, está basada en su aproximación al personaje de Batman. Miller ha pasado en poco tiempo de ser un mito para unos pocos a contar con un presupuesto de decenas de millones y un reparto encabezado por Scarlett Johansson, Samuel L. Jackson o Eva Mendes para poner al día a uno de los superhéroes más populares del imaginario estadounidense: The Spirit.

– ¿Cómo se convierte un dibujante de cómics en cineasta?

– Muchas de las cosas que estaban en mis libros de cómic se encontraban constreñidas por el formato, la textura. En cambio, con las películas puedes hacer lo que quieres, la revolución digital ha ampliado las posibilidades de la imagen de una forma extraordinaria. Puedes darle un movimiento y una espectacularidad a las historias que la ilustración no te permite. Claro que en el libro puedes penetrar mejor en las mentes de los personajes, entender lo que les pasa y profundizar. Además, al ser un arte mucho más barato es más fácil la libertad. Con las películas, se oyen demasiadas opiniones. Por eso, trabajo en Austin y Nuevo México. Ni me acerco por Hollywood.

Un francotirador nato

Miller ha creado en The Spirit un artefacto realmente singular quizá no apto para todos los gustos, una película en la que se funden sin remedio tanto el mundo naïf del cómic original creado por Will Eisner a principios de los años 40 como el ambiente sombrío, adulto y sórdido afin al creador de Sin City. Claro que Miller opina que, desde su propia génesis, Spirit fue un héroe diferente a los más edulcorados Superman o Batman: “The Spirit siempre ha tenido un espíritu romántico y peligroso. Desde el principio se dirigía a todas las audiencias, no sólo a los niños. Muchas veces, las motivaciones del personaje eran sexuales. Y conceptualmente eran historias complicadas. Eisner reflexionaba una y otra vez sobre la noción del deber. Algunas veces, resultaba difícil incluso para un adulto”.

– The Spirit, de todos modos, es una película de Hollywood pura y dura, para todos los públicos. ¿Ha traicionado sus ideales?

– Alguna gente se enfadó conmigo cuando dejé los cómics para trabajar en el cine porque temían que me prostituyera. Esta película no puede tener la dureza de algunos de mis cómics ni de Sin City porque soy consciente de que muchos niños irán a verla y no soy un pornógrafo ni tengo ninguna intención de corromper a los menores. He intentado ser creativo e ingenuo a la vez y hacer algo que pueda conectar en distintos niveles con gente muy diversa.

Desde luego, esa simbiosis entre el imaginario de Eisner y el de Miller (dominado por mujeres fatales, humo de cigarrillo, pasiones desatadas y violencia extrema) da lugar a un filme ciertamente curioso. Tiene un argumento deshilachado y a ratos delirante en el que Spirit lucha en un universo de fantasía donde Samuel L. Jackson (como malo malísimo Dr. Octopuss) y Scarlett Johansson (como su pérfida ayudante) pueden disfrazarse tanto de nazis como aparecer en pantalla un personaje tan sólo formado por... un pie y una cara. La productora ha obligado a todos los periodistas que han visto la película a no dar una opinión sobre la misma hasta tan sólo una semana antes de su estreno porque está claro que Miller ha apostado muy fuerte estéticamente y que ese riesgo puede conducir a lugares imprevisibles en el prefabricado y superplanificado universo hollywoodiense.

De hecho, esa discusión estética que hoy se traslada a la pantalla, comenzó mucho antes, cuando el propio Miller conoció a Eisner, fallecido en 2005: “Nos hicimos amigos 25 años antes de su muerte y comenzamos a pelearnos en seguida – ironiza–. El día que nos conocimos le enseñé una página que había dibujado y lo primero que me dijo fue que el pie de página era incorrecto. Siempre he sentido tanto respeto por su trabajo que mi primera reacción, cuando me ofrecieron hacer esta película, fue decir que no. Después cambié de opinión porque la idea de que alguien pusiera sus garras en un personaje tan querido me resultaba aun más insoportable”.

– Como es habitual en su obra, vemos un mundo de fantasía inspirado en el cine negro.

– Un secreto que guardamos los dibujantes es que contamos las historias a partir de lo que nos gusta dibujar. A mí me seduce ese Nueva York de los años 50 con coches gigantes y mujeres hermosas. Hay un elemento fundamental y es la distancia temporal. Si yo hubiera vivido hace cincuenta años vería las cosas de otra manera, pero vivo en la actualidad y todo ese mundo surge como una evocación. Por ejemplo, solemos imaginar esa realidad en blanco y negro porque los cómics y las películas se rodaban así. Y para mí, el blanco y negro es mejor que el color.





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© decine · 2008