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007 James Bond
La prensa británica se rinde al nuevo personaje creado por Marc Forster: el agente es ahora un tipo atormentado, resentido y cruel

Licencia para reinventar a Bond


Daniel Craig y Olga Kurylenko, en una escena de la película ‘Quantum of solace’, la nueva entrega cinematográfica del agente 007, donde la acción y la venganza se dan la mano

LONDRES.- La crítica ha hablado y no todo son alabanzas para el nuevo Bond. Obvio es, a algunos les gusta agitado y a otros removido. Pero, en general, la acogida de la película, que se estrena el 30 de octubre en el Reino Unido y el 11 de noviembre en España, se puede calificar de entusiasta. Todo un éxito del nuevo sello que Daniel Craig ha imprimido al agente 007: más malo, más oscuro, más introspectivo. Es la consecuencia del tenebroso lugar en el que habíamos dejado a Bond en su última aventura. Esto es, compuesto y sin novia, pues se la cargaron en el último minuto de partido, y con muchas ganas de librar su particular venganza. Eso es Quantum of Solace (¿se atrever alguien a traducirlo al español?): una caza planetaria en la que Craig busca venganza, pero también se busca a sí mismo. Mientras, nos vamos de crucero por medio mundo, al mejor estilo de Jason Bourne.

Mucho se había hablado del complejo carácter de este Bond, que quizá en su próxima entrega haya de recurrir al Prozac. En todo caso, que nadie sufra, no falta lo imprescindible: persecuciones, acción y sensualidad. Ya se sabe, Bond y sus conquistas. Los más permeables a los matices sí han visto esa búsqueda interior del espía británico. Es decir, quién es Bond y por qué es así. Un viaje emocional. Lo nunca visto.

Lo cierto es que Bond no busca aquí un chip activador del misil que volará la tapa de los sesos del mundo. En cambio, Craig trata de agarrar la malvada organización a quien culpa de la muerte de Vesper, la mujer a la que amó en Casino Royale. Así que se las verá con el siniestro Dominic Greene, sostenido en pantalla por el francés Mathieu Amalric, más conocido por su espléndida no actuación en La escafandra y la mariposa. Greene, además, llega avalado como villano por su carácter arrogante, una nueva particularidad que se añade aquí a los malos Bond.

Y ¿cómo es Bond? Indiferente, desagradable, antipático y, a ratos, condenable. Nada que no pueda resolver Craig con una mirada. Se ha comentado que la saga Bond se ha adentrado en nuevas e interesantes caras ocultas. El propio Daniel Craig lo ha reconocido. Algo habrá tenido que ver la mano de Marc Forster, un director al que se ha recibido con galones en el Reino Unido. «Por fin un director en condiciones», se leía en The Indepent. O del guionista Paul Haggis, autor de Million Dollar Baby y director de Crash.

Los amantes del cine de acción también disfrutarán de su Bond. Quantum tiene tanta cantidad de peleas, escenas de la vieja escuela y motos, lanchas motoras y jets que «al fan medio se le hará la boca agua», explica The Times. Para los amantes de las tramas y guiones consistentes también hay mucho para regalar: es la primera de las 22 películas en las que la trama fluye de forma orgánica de una escena a otra. «Una obra mucho más potente por su rara continuidad», concluye el prestigioso rotativo, que le ofrece cuatro de cinco estrellas.

La vigesimosegunda entrega de Bond cuenta, además, con toques de humor flemático marca de la casa. Craig, se dice en Inglaterra, amenaza con convertirse en el 007 más popular de la Historia. Profecía nada disparatada si nos atenemos a una encuesta publicada en la página web del diario The Times, en la que el 25% de los lectores consideran que el Bond de Craig es el mejor. Cierto, a 20 puntos del Bond que encarnó Sean Connery, pero estrechando el margen. Como Gordon Brown y David Cameron.

Otra que sube en las encuestas, amén del fervor que despierta en el género masculino, es la nueva chica Bond, que se acerca al agente secreto en dureza y carácter. La actriz y modelo ucraniana Olga Kurylenko traza un personaje seductor, verosímil, lo que no es poco para Bond, y que busca la vendetta por sí misma.

Lo cierto es que cualquier crítico ha encontrado suficientes motivos para recomendar Quantum of Solace, un título que emerge de un relato corto de Ian Fleming, para incluir a todos en el reparto. Quien no ha encontrado psicología bergmaniana, o casi, ha hallado en Bond un montaje ágil con reminiscencias al mejor Bourne. En definitiva, un acertado homenaje a Fleming en el año del centenario de su nacimiento.







El cineasta Marc Forster, fichado para la serie Bond, con su cámara durante una sesión de rodaje

«Ni sangre ni semen en la boca... Penetra sólo con preservativo». Hace tres años, Marc Forster se dejó fotografiar con este eslogan a los pies. Las cosas claras. Era una campaña antisida. Y ahora, las preguntas: ¿Por qué el director de películas como 'Monster's ball' o 'Cometas en el cielo' aceptó dirigir la entrega 22º de James Bond? ¿Sabe el agente creado por Ian Fleming lo que es un condón? «Sí, en efecto, la franquicia es lo más alejado de mi cine que se pueda imaginar. Lo asumo como un reto».

Desde esta primera declaración, el realizador de origen alemán no ha dejado pasar una entrevista sin soltar su particular 'libro de estilo' del 'nuevo' Bond:

1) «Me interesan los personajes emocionalmente reprimidos». En 'Casino Royale', Daniel Craig veía morir a su amor. Resultado: más intensidad. Se acabó el 'donjuán' de aquí te pillo...

2) «Durante la Guerra Fría, el cine tenía claro cómo retratar a los buenos y a los malos. Ahora, ya no. Bond puede ser un villano». Resultado: más complejidad.

3) «La película tiene más escenas de acción que nunca en sitios jamás visitados por la saga». Resultado: más grande, más exótica... De otro modo: a pelo. Se acabaron las precauciones.





Roban el arma con la que intentaban matar al agente en la película de 1974

James Bond, el hombre sin la pistola de oro


Réplica de la pistola, ahora sustraída, que se guarda en Imperial War Museum, en Londres

MADRID. Benjamín Prado escribió «Nunca le des la mano a un pistolero zurdo», interesante novela y sabio consejo, casi tanto como el del viejo cowboy que advertía «nunca escupas con el viento en contra». A James Bond, que va más a su aire, le han robado su pistola más famosa (sin chistecitos sexuales), procedente de «El hombre de la pistola de oro», película en la que Roger Moore hacía su segundo intento, en 1974, por inmortalizarse como 007. El principal sospechoso podría ser el malo de aquella cinta, Christopher Lee (al fin y al cabo su dueño), si no fuera porque el famoso Drácula -sólo superado por Bela Lugosi- ya tiene 86 años y hace décadas que guarda los colmillos de vampiro en un vaso, sobre la mesilla de noche.

El caso es que el pasado viernes alguien descubrió la desaparición del arma, en unos estudios de cine del Reino Unido, según informaba ayer la BBC, donde era custodiada (no demasiado bien) por la empresa Elstree Props. Fabricada especialmente para la película, la pistola estaba valorada en 100.000 euros. La Policía del condado de Hertforshire está convencida de que la desaparición obedece a un robo y que sus autores no tardarán en intentar venderla a algún coleccionista.

En «El hombre de la pistola de oro», Christopher Lee es Francisco Scaramanga, que planea asesinar a Bond a cambio de un millón de dólares. Para ello recurre a la famosa pistola, completamente desmontable en tres piezas que simulan ser un bolígrafo, una pitillera y un encendedor, lo que justifica su aspecto tosco y nada elegante. Como primera providencia, «Paco» Scaramanga envía a Bond una bala de oro en la que ha realizado una inscripción admonitoria: 007. Después de utilizar el arma con éxito frente a algunos de sus enemigos, sostiene una encarnizada lucha final con nuestro héroe, quien por supuesto se alza con la victoria... hasta el pasado viernes. Aunque conociendo las artimañas publicitarias del espía, no sorprendería que la acción formara parte de la incesante campaña de promoción de «Quantum of Solace».





Olga Kurylenko, una ucraniana de mirada felina, seduce, ataca y luego ama a James Bond, en ´Quantum of solace´

CHICAS BOND, listas para matar


OLGA KURYLENKO. Es la nueva chica Bond, James Bond. En un trasiego de aventuras, primero le acosa, y luego le libra de una traición. En el ínterin, le ama

BARCELONA  - Olga Kurylenko es la nueva tentación de James Bond. La actriz es Camila en Quantum of solace (una pizca de consuelo), que cuenta las nuevas aventuras de 007. Olga es ucraniana pero interpreta a una latina; como Fernando Guillén Cuervo, que en el filme hace de comisario boliviano. La chica, de pobre cuna, tiene tan poca historia fílmica como personal. Hizo fortuna cuando un cazatalentos la descubrió en el metro de Moscú y la convirtió en modelo. De la pasarela a la publicidad y de allí al cine. Y de un matrimonio que duró tres años saltó a los brazos del agente secreto, a quien redimirá del desconsuelo que le ocasionó en Casino Royale la muerte de Vesper, un personaje que tenía el físico de Eva Green (hija de Marlène Jobert), todo un bellezón. Olga primero desafía al agente y luego le salva de una traición.

Pero ya se sabe que James Bond no puede vivir sin relojes y coches de última generación; martinis agitados, no revueltos. Y mujeres, muchas mujeres. Buenas o malas, que lo ayudan o lo traicionan, pero todas pagan en su cama un impuesto revolucionario. Muchas de las actrices que han prestado sus espectaculares físicos a estos personajes de adorno, que con excepciones gloriosas todos los son, han seguido carreras profesionales o personales con el éxito por bandera. La primera fue Ursula Andress, que saliendo del agua en sucinto bikini con un cuchillo al cinto (007 contra el doctor No) se convirtió en el primer icono de la serie. Años más tarde, Halle Berry, que luego se llevaría un Oscar por Monster´s Ball, usaría similar traje de baño en una playa de Cádiz en una secuencia de Muere otro día, aunque no ante Sean Connery sino Pierce Brosnan. Hay más homenajes paralelos: Shirley Eaton, muerta por asfixia pintada en oro en Goldfinger y la novísima Gemma Arterton, a la que sumergen en crudo (la economía al poder), en Quantum of solace. Gemma es una experta en Shakespeare, imagen de la fragancia Bond Girl 007 de Avon y tuvo un novio español, Eduardo Muñoz, su profesor de equitación.

En la carrera de Bond hay dos veteranas, Martine Beswick, que debutó en Desde Rusia con amor y repitió en Operación Trueno. Igual que Tsia Chin, a quien vimos en Sólo se vive dos veces y luego, a los 61 años, actuó en Casino Royale, la fiel a la novela, no en la locura colectiva del mismo título en la que había tres Bond: Peter Sellers como James Bond, David Niven como sir Bond y Woody Allen como Jimmy Bond. Más curiosidades. Claudine Auger fue Domino en Operación Trueno tras ser elegida miss Francia, papel que haría Kim Basinger en la nueva versión del filme, Nunca digas nunca jamás. Jane Seymour (Vive y deja morir)fue espía antes que la Doctora Quinn la llevara a la fama, y Teri Hatcher (El mañana nunca muere),lo mismo antes de ser una de las Mujeres desesperadas. Diamantes para la eternidad trató de lanzar a Lana Wood, hermana de Nathalie, como sex symbol, aunque fracasó en el empeño. Y Alison Doody, aunque lo tuvo a mano, nunca llegó a tocar a Sean Connery. Primero porque cuando estuvo en Panorama para matar el superagente ya era Roger Moore. Y segundo, porque como la doctora Schnedier en Indiana Jones y la última cruzada, a pesar de tener un idilio con Indi (Harrison Ford), el padre de éste (Sean Connery) desvelaba al hijo los sueños de la chica con la que compartía lecho: "Soy tu padre, pero también soy un hombre", le dice socarrón.

Barbara Bach (La espía que me amó) y Cary Lowell (Licencia para matar) hicieron buenas bodas: con Ringo Starr y Richard Gere, respectivamente. Y Daniela Bianchi, a pesar de su exiguo trousseau (un lacito al cuello) en Desde Rusia con amor, apenas hizo carrera. Como Corinne Clery (Moonraker), símbolo erótico con Historie d´O, y ahí se quedó. Honor Blackman fue la inolvidable Pussy Galore. Y Serena Scott Thomas (hermana de Kristin) formó parte del más completo cuarteto





Londres homenajea a Ian Fleming

"Somos los Bond, los James Bond"


Daniel Craig, con un brazo escayolado, y Roger Moore

LONDRES – Que Daniel Craig pareciera "más un vagabundo que James Bond" en su última comparecencia pública en Londres resulta una aseveración exagerada por parte de los tabloides británicos. Pero el rubio actor, que suele enfrentarse a las cámaras con un aspecto impecable de la cabeza a los pies, sí logró sorprender al presentarse en un festejo consagrado a la figura de 007 con la barba mal afeitada y un brazo escayolado en cabestrillo. El color de la banda que sostenía el brazo derecho, eso sí, hacía juego con su impoluto traje azul oscuro: por algo ha sido proclamado el hombre más elegante del Reino Unido durante dos años consecutivos.

Si bien la reticencia de Craig a dejarse doblar en las escenas de acción es de sobra conocida -y le ha procurado más de un ojo morado-, su condición no respondía a ningún accidente en pleno rodaje, sino a una intervención quirúrgica que se le practicó semanas atrás a causa de una antigua lesión. A tres semanas del estreno británico del nuevo filme de la saga, Quantum of solace, el artista quiso participar en la gala La historia de James Bond: un homenaje a Ian Fleming, que el domingo por la noche se celebró en el London Palladium con ocasión del centenario del nacimiento del creador del famoso agente secreto.

Allí estuvo también Roger Moore, uno de los seis actores que han prestado su rostro a 007 en el cine, demostrando que a sus 80 años retiene intacto el sentido del humor. "Sé que soy el peor Bond de la historia, de acuerdo con las encuestas de Internet. Se me tilda de demasiado divertido y ligero, y de no tomarme en serio el personaje. Pero se supone que el tipo es un espía y, aun así, se presenta en bares y hoteles de medio planeta donde todo el mundo le recibe con un 'Ah, señor Bond, le estábamos esperando", se defendió con sorna.

Moore es el 007 más longevo en la gran pantalla (1973-1985) y supera numéricamente por una película al adorado Sean Connery. Se desconoce si este último no fue invitado a la gala o simplemente decidió no comparecer, molesto por las malas ventas de su libro.





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© decine · 2008