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Venecia
El italiano Silvio Orlando ha obtenido la Copa Volpi al mejor actor. La mejor interpretación femenina ha sido la de la actriz francesa Dominique Blanc

La estadounidense 'The Wrestler', León de Oro en el Festival de Venecia


León de Oro, Máximo Galardón de la 'Mostra' de Venecia

VENECIA.- El director neoyorquino Darren Aronofsky, de 39 años, ha conseguido el máximo galardón del festival de cine veneciano (el León de Oro) con su película "The Wrestler", protagonizada por Mickey Rourke.

El jurado, presidido por el director alemán Wim Wenders y en el que se encontraba la cineasta argentina Lucrecia Martel, ha considerado esta película, que muestra el declive de un campeón de lucha libre, como la mejor de las 21 que competían por el galardón.

Cuando el presidente del jurado comunicó que el León de Oro era para una película con una interpretación "que llega al corazón" (pese a lo que no le ha concedido el máximo galardón masculino), toda la platea irrumpió en un aplauso y los focos dirigieron sus luces a Rourke.

Todavía Wenders no había anunciado el ganador, cuando Rourke se levantó para agradecer la ovación. Seguidamente el director neoyorquino y Mickey Rourke se encaminaron hacia el escenario. Cuando llegaron allí fue cuando Wenders anunció la película ganadora.

Y es que para el éxito de la película ha sido fundamental la experiencia del atípico actor estadounidense como boxeador profesional, actividad a la que se dedicó tras su gran lanzamiento cinematográfico en la erótica 'Nueve semanas y media' (1986) con Kim Basinger. Por si esto fuera poco, Rourke reconoció el viernes tras el pase del filme que "desafortunadamente" él tenía "muchos paralelismos" con el personaje, porque "hace 15 años tiró a la basura" su carrera.

El León de Plata al mejor director ha sido para el ruso Aleksei German Jr.por su película 'Bumaznyj soldat (Paper Soldier)'.

La mejor interpretación femenina ha sido la de la actriz francesa Dominique Blanc, de 46 años, que ha recibido el galardón de la 65 edición de la Mostra gracias a su papel en la película 'L'Autre', de Patrick Mario Bernard y Pierre Trividic, en la que interpreta a una mujer torturada con un desdoblamiento de personalidad. Blanc sostiene prácticamente el guión de toda la película, en la que le acompaña el actor Cyril Gueï, pero ya en un muy segundo plano.

Por su parte, el italiano Silvio Orlando, de 51 años, ha obtenido la Copa Volpi a la mejor interpretación masculina por su actuación en 'Il Papà di Giovanna', de Pupi Avati, en la que interpreta al personaje que da nombre a la película. Este actor napolitano ha participado en títulos notables del último cine italiano, como 'Il Caimano' (2006) y 'La habitación del hijo' (2001).

Además, el director alemán Werner Schroeter ha recibido un León especial del jurado del certamen de la Mostra por el conjunto de su obra. También el cineasta etíope Haile Gerima, de 62 años, ha recibido un premio especial del jurado y el premio al mejor guión por su película 'Teza', que cuenta las convulsiones políticas que atravesó su país en los años 80.

El Premio Marcello Mastroianni al mejor actor o actriz joven fue para la estadounidense Jennifer Lawrence por su papel en 'The burning plain', de Guillermo Arriaga.

El jurado quiso premiar, asimismo, con el Premio Osella a la mejor fotografía a los rusos Alisher Khamidhojaev y Maxim Drozdov por 'Paper Soldier'.


Palmarés de la Mostra

- León de Oro: The westler, de Darren Aronofsky.

- León de Plata a la mejor dirección: Aleksei German Jr., por Bumaznyj soldat.

- León Especial del Jurado: para Werner Schroeter "por su innovadora obra".

- Premios Especial del Jurado y al mejor guión: para el director Haile Gerima por Teza.

- Copa Volpi al mejor actor: Silvio Orlando, por Il papà di Giovanna.

- Copa Volpi a la mejor actriz: Dominique Blanc, por L'autre.

- Premio FIPRESCI: Gabbla, de Tariq Teguia.

- Gran premio Orizzonti: Melancholia, de Lav Díaz.

- León de Oro al mejor cortometraje: Tierra y pan, de Carlos Armella.







El director Darren Aronofsky premiado con el León de Oro ayer en la Mostra

El cuerpo y la resistencia física es un tema recurrente en la trayectoria del cineasta, cuya película entrará a formar parte de los grandes títulos del cine sobre el deporte; en este caso uno muy particular que le ha hecho triunfar en Venecia, el 'wrestling', una especialidad de combates fingidos y aun así violentos 
 
VENECIA.- Tiene 39 años, cara de niño y un currículum compuesto por tan sólo cuatro películas. Se llama Darren Aronofosky, es de Brooklyn y hace dos años se le quedó clavada una espina en Venecia. A pesar de que muchos le consideraban la nueva promesa del cine estadounidense y de los encendidos elogios a sus dos primeras películas (Pi y Réquiem por un sueño), en el Lido el chaval se estrelló estrepitosamente. La fuente de la vida, el filme con el que en 2006 concursó en la Mostra de Venecia, no sólo no se llevó ningún galardón sino que fue despedazado por la crítica. Pero Aronofsky tuvo ayer su desquite con The Wrestler.

«Voy a viajar a España en los próximos meses. Y no se imagina lo mucho que me apetece», afirma Aronofsky al saber que en el reducido grupo de periodistas que el pasado viernes le entrevistó había una representante de EL MUNDO. «Ya sabes: mi pareja, Rachel (Weisz), va a rodar Agora, la nueva película de Amenábar. Y como yo no sé estar sin ella, la acompañaré».

Pregunta.- Esta película no tiene nada que ver con sus anteriores trabajos...

Respuesta.- Ojalá sea así, me lo tomo como un cumplido. Creo que es importante evolucionar. Si Madonna y David Bowie nos han enseñado algo es que uno tiene que reinventarse. Y creo que para un cineasta es importante tratar de hacer cosas distintas y explorar nuevas ideas. Yo considero mis primeras tres películas como parte del mismo cuerpo de trabajo, y de hecho son filmes relacionados entre sí. Ahora tenía ganas de hacer algo absolutamente distinto.

P.- ¿Cómo surgió la idea de hacer The Wrestler?

R.- Me rondaba por la cabeza desde hace 10 años, si no más. Cuando dejé el instituto hice una lista con todas las ideas de películas que tenía, y una de ellas era The Wrestler. Hace seis años comencé a trabajar en el guión junto a mi productor, aunque al final lo pusimos en manos de un guionista. Llevaba mucho tiempo dándole vueltas a esta película, la considero un filme muy personal.

P.- ¿Es usted aficionado al wrestling?

R.- Cuando era un chaval fui a algunos combates de wrestling, pero no era un apasionado. Lo que me atraía es que nadie había hecho una película seria sobre el wrestling, probablemente el deporte de entretenimiento más importante y popular de Estados Unidos. Y cuando comencé a conocer a luchadores de esa especialidad y me contaron sus historias enseguida me di cuenta de que aquello era una mina de oro.

P.- ¿Pero es tan violento el wrestling como usted lo pinta? Al fin y al cabo, los combates son puro teatro...

R.- En ocasiones es aún más violento de cómo yo lo muestro. Digamos que hay dos grandes tipos de wrestling. El primero podríamos decir que es de carácter familiar, apto para todos los públicos, aunque también conlleva un cierto nivel de violencia: los luchadores se lanzan al suelo desde las cuerdas, se magullan unos a otros.... Y luego está el wrestling más duro, que es un auténtico fenómeno en América desde mediados de los años 90. Lo interesante es que a medida que el wrestling se fue popularizando se produjo una escisión y, aunque todos sabemos que lo que ocurre en el ring es fingido, un núcleo duro de luchadores decidió pelear llevando sus cuerpos al límite y poniendo en peligro su seguridad. Así que sí, el wrestling puede ser muy violento.

P.- En un diálogo de la película se hace referencia a La Pasión, la película de Mel Gibson, comparando el calvario de Cristo con el sufrimiento físico de los luchadores...

R.- Esa frase estaba en el guión desde el principio, y yo la dejé porque me parecía divertida. Soy consciente de que existe cierta relación entre la historia de la pasión de Jesús y la de este filme. Pero lo que a mí me interesaba era contar la historia de un tipo que no puede vivir sin algo que le está matando.

P.- ¿Cuándo decidió que Mickey Rourke debía protagonizar la película?

R.- Su nombre se encontraba en la primera lista de actores que realizamos. Y cuando le conocí me quedó inmediatamente claro que él era la persona adecuada para ese papel.

P.- Tengo entendido que su estudio trató de imponerle otro actor...

R.- Sí, pero para entonces yo ya tenía claro que no haría la película sin Rourke.

P.- Los combates de la película se rodaron con público real. ¿Por qué?

R.- Porque es imposible recrear el ambiente que rodea a una pelea. De hecho, organizamos nuestros propios combates con luchadores auténticos para poder rodarlos.

P.- ¿Por qué cree que tiene tanto éxito el wrestling?

R.- Bueno, los luchadores son, de algún, modo los herederos de los gladiadores. Y un combate representa de manera muy marcada la lucha entre el bien y el mal, lo que incita al público a participar. De hecho el público es fundamental: sabe que el combate que está viendo es falso, que el guión que va a seguir la pelea está decidido de antemano, sabe cómo va ocurrir.... Pero, aún así, les encanta.

P.- ¿Qué películas le han influido a la hora de hacer The Wrestler?

R.- Hay influencias de muchas películas. Pero nadie hasta ahora había mostrado los entresijos del mundo del wrestling. En este sentido mi película es única, es la primera que explora lo que supone ser luchador de wrestling.







Win Wenders, Presidente del Jurado de la Mostra

VENECIA - Curiosa fue la manera de Wim Wenders de anunciar el León de Oro de esta 65ª edición de la Mostra. Antes de mencionar el título de «The wrestler», destacó la interpretración de Mickey Rourke, quien subió al escenario junto a Aronofsky a recibir el dorado galardón. La pregunta es evidente: ¿Por qué entonces no se le da el premio a Rourke? La ausencia del actor en el palmarés provocó, en el momento de anunciarse la Copa Volpi de interpretación, un sonoro abucheo en la sala de prensa, más cuando el ganador fue el italiano Silvio Orlando por «Il papa de Giovanna»; y es que en Venecia, es habitual que salga beneficiado algun actor patrio.

El presidente del jurado reveló, más tarde en rueda de prensa y de manera indirecta, el porqué de esa decisión al pedir a la Mostra que no sea tan rígida con los premios, ya que si una película recibe el premio al mejor actor o actriz no puede ganar también el León de Oro. Tal afimación es sorprendente: sólo hace falta recordar el premio a la mejor actriz de 2004, Imelda Staunton, por «Vera Drake», filme que también recibió el ansiado León de Oro. Wenders dijo también no querer desmerecer el premio otorgado a Orlando. Explicó además que le parecía «el gesto correcto» mencionar a Rourke en la ceremonia, ya que la película «se basa en una increíble interpretación».





Mickey Rourke, Actor protagonista de 'The wrestler'

«Me daban por acabado, pero esta película es mi venganza»


Mickey Rourke ayer en Venecia

VENECIA.- Es difícil de creer que Mickey Rourke fue una vez un sex symbol. A sus casi 52 años (los cumplirá en 10 días), el protagonista de Nueve semanas y media es un hombre prematuramente envejecido, con la cara desfigurada por los muchos puñetazos que ha encajado como boxeador. Salta a la vista que las varias operaciones de cirugía estética a las que ha recurrido para tratar de reconstruir su rostro tras años de combates no han obtenido el resultado deseado.

Pero a los que le daban por acabado Rourke les dedica ahora un corte de mangas. El actor, que llevaba años pudriéndose en el infierno después de saborear el éxito, resurge de sus cenizas con The wrestler (El luchador), una película que tiene mucho de su propia vida y que ayer fue recibida con una ovación en la Mostra de Venecia.

El filme, dirigido por Darren Aronofsky, se adentra en el mundo del wrestling (ya sabe, ese divertimento made in USA en el que dos tipos fingen molerse a palos en una estudiada coreografía) de la mano de un luchador que, después de haber sido una estrella en la década de los 80, se convierte en un viejo fracasado que sigue combatiendo en los lugares más cutres.

Rourke admite que la historia de ese perdedor tiene muchas semejanzas con la suya propia. «Yo he tenido muchos problemas y he pasado muchos años en la más profunda soledad. Sólo mis perritos, que son mis mejores amigos, saben por lo que he pasado», afirma. No en vano, Rourke se ha traído a Venecia a su más amado chihuahua, que disfruta de una suite para él solo en el exclusivo hotel Excelsior.

P.- Haber sido boxeador, ¿le ha ayudado a la hora de abordar el mundo del wrestling?

R.- El wrestling no tiene nada que ver con el boxeo, nada. El wrestling es entretenimiento. Pero lo que me ha sorprendido es que los luchadores se hacen daño de verdad. Fíjese si es duro que, durante los dos primeros meses de rodaje, tuve que ir seis veces al hospital. Una vez porque se me salió la rodilla, en otra porque me rompí un tendón... Yo ya no tengo 20 años y, qué coño, hubo momentos en los que pensé que aquello me iba a matar. El boxeo te deja sonado, pero el wrestling te deja hecho polvo físicamente. Sobre todo, porque, para complacer al público, los luchadores suelen arriesgar más de lo debido.

P.- ¿Por qué le dio a usted por boxear?

R.- Yo boxeaba desde mucho antes de ser actor, desde que era niño. Comencé con 12 años. Pero a los 19 tuve una lesión y los médicos me dijeron que debía parar un año para poder recuperarme. Y fue durante ese año cuando, por casualidad, conocí a una persona que era actor y que me animó a serlo yo también.

P.- ¿Y por qué volvió luego a boxear?

R.- Porque, después de unos años trabajando como actor, me di cuenta de que no era feliz. Estaba lleno de rencor, de un odio que no podía contener y que me condujo a una vida de autodestrucción. Pensé que la interpretación no era para mí. Así que decidí volver a algo que amaba, como el boxeo.

P.- ¿De dónde procedía ese rencor del que habla?

R.- Durante años, me dediqué a echarle la culpa a Hollywood. Pero una gran parte de la responsabilidad era mía. Yo estudié en el Actor's Studio y era muy purista. Sentía un respeto reverencial por Al Pacino, el jodido Marlon Brando, De Niro, Christopher Walken... Y de pronto comencé a hacer cierto tipo de películas, películas de mierda.

P.- ¿Como Nueve semanas y media?

R.- No voy a dar ningún puñetero título. Pero comencé a hacer películas que no me gustaban, lo que me provocaba un inmenso dolor. Me convertí en una bomba de relojería. Y un día decidí salir corriendo y mandar a tomar por saco mi carrera de actor.

P.- ¿Cómo salió de aquel agujero negro? ¿Le ayudó boxear?

R.- No. Me ayudó ir a un psicólogo y hacer terapia. Entendí de dónde venía el vacío inmenso que sentía, que procedía de ciertas cosas que me habían sucedido cuando era un niño. Pero no espere que le cuente qué cosas eran.

P.- ¿Qué supuso para usted ser considerado durante los años 80 un sex symbol?

R.- Aquello fue hace mogollón de tiempo. Yo nunca me he considerado un sex symbol, y en esa época lo que me sentía era una auténtica mierda. Sólo me sentía hombre si tenía a algo o alguien a lo que dar de puñetazos. El resto no me importaba nada.

P.- Muchos le daban por acabado. ¿Esta película es su venganza?

R.- Sí, absolutamente. Cuando Aronosfky me ofreció esta película, me entró diciéndome que yo llevaba 15 años sin levantar cabeza, que nadie me quería contratar y que, como me consideraban acabado, ningún estudio quería poner dinero para hacer la película si yo la protagonizaba, así que tenía que hacerla gratis. Pensé que el cabrón debía ser un genio porque hay que tener cojones para decirme en la cara que estoy acabado y, acto seguido, proponerme hacer una película sin cobrar.

P.- ¿Se consideraba usted a sí mismo un fracasado?

R.- No, deje que le siga contando. Me llevó cuatro meses convertirme en una mole como los luchadores de wrestling. Me entrenaba, hacía pesas, comía cinco veces al día... Y en éstas me viene Aronofsky y me dice que lo siente mucho, pero que los productores quieren que la película la protagonice una estrella, no yo. Mi agente se quedó hundido. Pero, si le digo la verdad, yo me sentí feliz porque los entrenamientos me estaban dejando hecho polvo y el papel en sí me hacía sufrir. Sin embargo, dos semanas después, Aronofsky fue a Miami a buscarme. Había tenido no sé qué problema con el otro actor. Y tuvo otra vez las pelotas de decirme que, si le hacía caso en todo y no me dedicaba a ir por las noches persiguiendo tías, me haría ganar una nominación a los Oscar. Acepté.

P.- ¿Cree usted que este papel le valdrá una candidatura al Oscar al mejor actor?

R.- Sí, lo creo firmemente. Y la verdad es que me encanta la idea porque la vida no suele dar segundas oportunidades, y a mí me la ha concedido. Llevaba cerca de 15 años sin hacer un buen papel, sintiendo una horrible vergüenza. Me daban por acabado, por muerto. Y aquí estoy.







Mickey Rourke ayer en Venecia

VENECIA. «Recuerdo la primera vez que me cité con Mickey. Tenía otra idea de él. Me di cuenta de que tras esa armadura, había fragilidad», dijo ayer Darren Aronofsky sobre el protagonista de su último filme.

Desde que se inició el festival, una de las incógnitas que más intrigaba era cómo sería el regreso de Rourke como protagonista absoluto de un filme de entidad tras su paso por producciones menores. «Mi personaje es un soñador que vive en un estado de vergüenza. Y sí, claro que puedo encontrar un paralelismo con lo que yo hice con mi carrera hace quince años: la tiré por la borda. No hay peor cosa que sentir vergüenza y no puedes culpar a nadie más que a ti mismo», reconoció Rourke acerca de un personaje que, como él, fue una gran estrella en lo suyo.

Actor y personaje tienen otra cosa en común, ya que Rourke se dedicó anteriormente al boxeo: «Darren es el tipo de director con el que quiero trabajar, un hombre joven que no quiere ir a Hollywood y ganar mucho dinero haciendo malas películas. Pero no quería hacer un personaje que requiriese esfuerzos físicos que ahora soy incapaz de hacer. Pero lo que hizo fue tratar el filme como un documental en vez de ponerle glamour».

Otro regreso es el de Aronofsky a la Mostra, donde hace dos años fue vapuleado por «La fuente de la vida». Ahora, ha sido gratamente recibido con «The wrestler». El director citó como influencias «Fat City» de John Huston y, entre otros, a los hermanos Dardenne. Efectivamente, la estética del filme es diferente a los anteriores trabajos del cineasta porque «quería hacer algo nuevo y si algo nos ha enseñado Madonna es que hay que reinventarse».





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