Buscador
Google
Lista de Correo
Suscribirse Darse de baja
Festivales


La Seminci hace un ejercicio de austeridad

VALLADOLID - La Semana Internacional de Cine de Valladolid (Seminci) reducirá en 2010 el número de días y películas en la 55 edición de un festival que experimentará un recorte global del 11 por ciento de la aportación, tanto pública como privada, con lo contará con un presupuesto de tres millones de euros, una cuantía que fue definida de "realista" por el director de este festival vallisoletano, Javier Angulo.

El diseño de la próxima edición de la Seminci y el balance de las cuentas de la 54 edición fueron presentados hoy por Angulo, en un acto en el que también estuvieron presentes el alcalde de Valladolid, Francisco Javier León de la Riva, y la concejal de Cultura, Comercio y Turismo, Mercedes Cantalapiedra.

Angulo explicó que el presupuesto de edición de 2010 mantendrá la aportación del Ayuntamiento de Valladolid, con 1.430.000 euros, y mostró su confianza en que los ministerios que apoyaron el festival otros años, como los de Cultura y Asuntos Exteriores, sigan haciéndolo en el ejercicio que ahora empieza.

Así, avanzó que el día 11 de enero está prevista una reunión con el director general del Instituto de Cinematografía y Artes Audiovisuales (ICAA), Ignasi Guardans, para verificar la aportación hizo en 2009, de 320.000 euros.

En cuanto al número de días, Angulo explicó que en 2010 el festival contará con ocho jornadas, una menos que en ediciones anteriores, y avanzó que se celebrará del 23 al 30 de octubre, si bien resaltó que la Sección Oficial tendrá entre 16 y 18 películas, y los apartados de Punto de Encuentro y Tiempo de Historia proyectarán otros 16 títulos cada uno.

Nueva sección de cortos

Además, se mantendrá 'La Noche del Corto Español' y 'Castilla y León en corto' y se está estudiando la programación de una nueva sección de cortos que pasaría a denominarse 'La nueva Europa en corto', dentro de 'Tiempo de Historia', y que presentará cortometrajes de países emergentes de lo que fue la antigua Europa del Este.

Por otro lado, la 55 Semana Internacional de Cine de Valladolid contará con dos ciclos, uno menos que en 2009, cuyos títulos serán 'Brasil emergente' y 'Revisando a Kurosawa (1910-2010)', y entre otras actividades que se desarrollarán se encuentra de nuevo el Foro sobre diversidad cultural, si bien no se prevé celebrar ningún concierto de música con proyección simultánea como en la pasada edición.

Además, en 2010, la Seminci acogerá una única exposición que, "podría ser" de 'La dolce vita', la cinta dirigida por Federico Fellini, con motivo de su 50 aniversario, tal y como avanzó el director del festival, quien aseguró que en la próxima edición "lo único que no se va a sacrificar es el buen cine".

Angulo también explicó que se está trabajando en la segunda edición del Festival de cine y ficción para televisión, el cual se plantea realizarse la primera semana de junio, aunque añadió que si a finales de febrero o principios de marzo no se tiene la financiación no se llevará a cabo.

Un "Hito" histórico

En cuanto al balance de la 54 edición, Angulo destacó que supone un "hito" para este certamen vallisoletano el récord conseguido en 2009 tanto en recaudación de taquilla, con 161.000 euros, como en audiencia, con más de 80.000 espectadores que acudieron a ver las películas de la Seminici y señaló que esta aceptación de público "llena de optimismo".

Además, explicó que, al poner un precio a la presencia de la Seminci en los medios de comunicación, éste sería de unos 4,5 millones de euros, 850.000 menos que en 2008, aunque resaltó la "espectacular" presencia del festival en Internet. Así, en google, al escribir 'Seminici 2009' aparecen un total de 58.000 referencias, e informó de que en su web ha tenido 40.000 visitas durante la celebración del certamen.

En este sentido, Angulo recordó que desde el pasado año tienen en cuenta la máxima de "si no estás en Internet no existes", sobre todo, según destacó, de cara a los jóvenes, "que son el futuro".

Rebaja de aportaciones

Con referencia al presupuesto de 2009, Angulo explicó que el presupuesto inicial era de 3.251.000 euros y que ante la rebaja de las aportaciones, dos por ciento de la pública y 20 de la privada, el equilibrio de las cuentas se produjo mediante una reducción de gastos previstos de 280.000 euros y se "echó mano" de 150.000 euros para equilibrar las cuentas del año que viene.

Los patrocinadores públicos supusieron el 70 por ciento de los ingresos, y así el Ayuntamiento de Valladolid aportó 1,4 millones, el segundo patrocinador fue el Gobierno, con 500.000 euros y después la Junta de Castilla y León, que concedió 9,1 por ciento del presupuesto y la Diputación de Valladolid, con el 1,8.

En cuanto a los patrocinadores privados, Caja España se situó a la cabeza con una aportación en metálico de 180.000 euros más la organización y financiación de la exposición de Carlos Saura en el Museo Patio Herreriano.

Por su parte, el alcalde de Valladolid, Francisco Javier León de la Riva, también añadió que el sector hostelero ha contribuido en esta edición con una parte de las comidas de los invitados oficiales.

En otros asuntos, Angulo indicó que no le parece mal la realización de una Asociación de Festivales de Castilla y León y que supondría una presencia "solidaria" con los certámenes más pequeños, al tiempo que recordó que sería el Patronato el que decidiera si la Seminci entrara a formar parte de ella.

En este sentido, León de la Riva se refirió a una cita de San Pablo, la cual indica que "Por la caridad entra la peste" y así señaló que "solidaridad si pero dejando muy claro, fundamentalmente a la Junta de Castilla y León, que el festival de cine de Castilla y León es la Seminci de Valladolid. Así, incidió en que si que se podría "prestar apoyo y cobertura" pero no repartir después.





Las palabras de Ignasi Guardans sobre su supervivencia enrabietan al sector

Los festivales luchan por su futuro


Una proyección de Alcine, el festival de Alcalá de Henares, en su sede del teatro Cervantes

Madrid / Barcelona - La escena se ha repetido en varios ayuntamientos en los últimos 30 días. Los protagonistas piden no revelar ni su nombre ni el de las ciudades. A un lado de la mesa, el concejal de Cultura de la localidad. Al otro, el responsable de su festival de cine, que negocia la financiación de la muestra. En un momento dado, el concejal dice: si hasta uno de los vuestros [en referencia al responsable del cine en el Gobierno socialista] asegura que sobran festivales, ¿por qué tenemos que pagar nosotros éste?

Las declaraciones de Ignasi Guardans, director del ICAA (Instituto de Cinematografía y de las Artes Audiovisuales, el organismo que regula el cine en el Ministerio de Cultura), a este diario publicadas el pasado 15 de noviembre, provocaron una tormenta entre los grandes certámenes, pero hicieron mucho más daño a los pequeños. En ellas, Guardans aseguraba: "No seremos el espectador pasivo que da dinero una vez al año a los certámenes con criterios amorfos. Los ayuntamientos nos escuchan pero no dudaremos, si es necesario, en dar un puñetazo en la mesa". El director del ICAA planteaba dotar de más medios y hacer crecer la comisión ministerial de festivales, para poner orden en el abigarrado mapa español de los certámenes. Aunque también apostillaba: "Ni podemos ni queremos impedir iniciativas de exhibición de ayuntamientos u otros organismos. Sin embargo, debemos racionalizar nuestras ayudas. Hay cosas que no se hacen y gente que repite esfuerzos y se solapa". En España hay 233 festivales registrados en el ministerio, una cifra que se duplica sumando otras muestras; el ICAA da ayudas a 42 (en 2008), y en 2010 dedicará a ese apartado unos tres millones de euros.

Onda expansiva

Aquellas palabras fueron el preámbulo de unas semanas tormentosas en el cine español: la Comisión Europea bloqueó la orden ministerial que desarrollaba la Ley del Cine para analizarla (habrá respuesta a lo largo de enero) tras un requerimiento del colectivo Cineastas contra la Orden; el Tribunal Supremo planteó la inconstitucionalidad del 5% de sus ingresos que por ley están obligadas las televisiones a invertir en películas españolas... Pero las declaraciones sobre los festivales crearon su propia onda expansiva. "Han logrado que por fin empecemos a unirnos", asegura Diego Rodríguez, director del Certamen Visual y presidente de Filmad, la asociación que agrupa a 20 festivales madrileños. "Desde mayo de 2006 estamos intentando crear una coordinadora nacional; en la penúltima reunión, en Zaragoza, sólo se habló de las palabras de Guardans; en la última, en Alicante, ya hemos presentado un borrador de los estatutos". El resultado final sería la red de festivales de cine del Estado español, que agruparía a las diversas coordinadoras autonómicas. Actualmente sólo existen las de Madrid, Cataluña y Andalucía. El 15 de enero se constituirá la de Castilla y León. Para Rodríguez, "el mensaje de Guardans es confuso". "La gente se queda con la copla de que sobran festivales. Y, sin embargo, para la mayor parte de las ciudades españolas somos la única manera de ver otro tipo de cine". Rodríguez defiende su trabajo: "Los organizadores de certámenes son unos luchadores contra viento y marea que están ahí sosteniendo la cultura. No sobra ni una biblioteca, ni un festival de cine, que en muchas ocasiones es la única representación cultural hecha con criterio en sus pueblos. La Cabalgata de Reyes en Madrid tiene tanto presupuesto como todas las ayudas del ministerio a los certámenes de cine".

El pasado martes, Filmad celebró su primera gala de premios y allí estuvieron otros responsables de certámenes. Como Emiliano Allende, director de la Semana de Medina del Campo (Valladolid), uno de los grandes festivales de cortometrajes en España. "Un certamen apoya la diversidad cultural. Son las salas de exposición del riesgo, lo nuevo, lo joven. El espíritu de un festival como el de Medina, pequeño, en una ciudad de 20.000 habitantes, en un ámbito casi hostil, es proyectar una selección del mejor cine de autor y apoyar el vivero del cine español, que son los cortos realizados con seriedad. El que el cine es para dar de comer a vagos ha sido siempre un pensamiento de la derecha. Creo que todo esto ahora está siendo valorado de modo más coherente en el ministerio después de esta aparición 'poco afortunada".

Ernesto del Río, director de otro certamen veterano, el Zinebi de Bilbao, es algo más contemporizador: "A mediados de los noventa hubo una explosión de nuevos festivales. Creo que debemos coordinarnos. Pero ¿cómo articularlo? Es difícil. Somos como una red que sirve de alternativa a las salas comerciales. El drama va a llegar cuando la tijera toque a los 42 con ayudas, porque el factor reconocimiento del ministerio importa, y mucho, en otras negociaciones y de cara al exterior". En el País Vasco no existe una coordinadora de festivales. "Probablemente porque vivimos a la sombra de uno muy grande", dice Del Río, que sí participa en las reuniones de la futura red nacional. "Estamos en el final de una época: crisis económica, cambios de formatos en el cine, Internet, la fusión de televisiones, los problemas con el 5% de inversión de las cadenas... Habrá que adaptarse".

En Barcelona, la semana pasada, hubo otro encuentro de un centenar de profesionales, auspiciado por la Coordinadora de Festivales de Cine de Cataluña (CIVI). Según Carlos Rodríguez, su director y responsable del BAFF (Festival de Cine Asiático de Barcelona) y creador del Cineambigú, "no es necesario regular la situación de los festivales, lo que es necesario es regular las subvenciones".

Entre los asistentes internacionales, hubo opiniones muy diversas. "No conozco demasiado el momento actual de los festivales ni vuestra legislación. Lo que yo puedo decir es que el Gobierno de Canadá está poniendo mucho dinero en festivales porque es una ventana que el arte puede ofrecer en contraposición a las grandes majors. Para nosotros no hay mejor manera de construir cultura comunitaria que un festival de cine. Además, en mi país, si uno mira las cifras, los festivales generan tanto dinero como reciben", cuenta Guilles Beriault, director del mercado del Festival des Films du Monde, en Quebec.

Natalie Lue, presidenta del festival de Toronto y miembro de la junta del Toronto Arts Council, que regula las ayudas culturales, apunta: "Hace solo un año decidimos que debíamos hacer una distinción primigenia cuando hablábamos de ayudas: las que afectan a los grandes festivales y las que afectan a los pequeños. Fue una decisión dura, pero necesaria".

Sea como fuere, todos parecen estar de acuerdo en algo: "Los festivales de cine son un complemento imprescindible que acerca al espectador hasta un tipo de cine al que no tendría acceso de otro modo. El Estado debe seguir apoyándolos", asegura Lue, para quien "siempre debe existir un compromiso para apoyar al arte. Eso es lo imprescindible".

Las ayudas en cifras

- En 2008, el Ministerio de Cultura repartió ayudas a 42 festivales, otorgadas por una comisión que valoró cada muestra.

- Este próximo año, Cultura repartirá más de tres millones de euros. San Sebastián y Huelva quedan fuera de este capítulo, porque el ministerio forma parte de sus patronatos.

- En total en España hay 233 certámenes registrados en el ICAA, aunque sumando todas las muestras y semanas de cine se duplica la cantidad de festivales.





Robert de Niro convierte el Festival de Tribeca en una franquicia y lo lleva a Doha

Manhattan se muda a Qatar


De Niro y Amanda Palmer, la directora del festival, ayer en la ceremonia de clausura

Doha - Si hacemos caso a lo que se cuenta en los pasillos, la cosa sería tal que así: la hija de un alto cargo del Gobierno de Qatar decide irse a pasar una temporada a Nueva York. Debido a su condición de cinéfila, presenta una solicitud para trabajar como voluntaria en el Festival de Tribeca, un evento auspiciado por el actor Robert de Niro que empezó a celebrarse en 2002. El festival, al que la chica no revela su estatus social (y económico), acepta la solicitud y ella se pone manos a la obra. De vuelta a casa cuenta a su padre lo bonito que es un festival de cine independiente. Poco después, el alto cargo llama a De Niro y le propone celebrar Tribeca en Doha, capital de Qatar. Se entablan negociaciones y éste acepta ceder el nombre, la experiencia y los contactos (entre los asistentes al festival estaban su amigo Scorsese y Ben Kingsley) a la buena gente de allí para que éstos puedan celebrar su primer festival de cine.

La realidad, independientemente de que la historia sea tal como la cuentan, es algo más prosaica: Qatar ha visto en los últimos años cómo florecían eventos relacionados con el séptimo arte en Abu Dabi y Dubai, atrayendo atención mediática e incluso turismo. Llegados a cierto punto (y mientras el país presenta su candidatura para acoger el Mundial de fútbol en 2022) los que mandan decidieron que nada mejor para salir en los papeles que un acto cultural con pedigrí.

El toque final (y quizás la novedad de todo este tinglado) ha sido crear un festival nuevo a partir de uno que ya existe. A De Niro se le ha ofrecido una cantidad no hecha pública y éste no ha dudado en convertir un certamen que lleva el nombre de un barrio de Nueva York en una franquicia que hoy se celebra en Doha y mañana vaya usted a saber dónde.

Qatar es el país con la renta per cápita más elevada del mundo y, aunque su capital se fundó en 1850, no ha sido hasta 1971 (después de declarar su independencia) cuando ha empezado a crecer en tamaño y recursos. La combinación resultante convierte al recién celebrado festival en un movimiento casi estratégico en la descarnada lucha por sacar la cabeza en una región empeñada en competir consigo misma.

Además, la conexión del ciudadano de Qatar, y en particular el de Doha, con el lado más participativo del festival (coloquios y charlas) parece nula: la gran mayoría de actos cuentan con una abrumadora presencia de occidentales y los pocos locales que se ven resultan ser voluntarios del certamen. "Yo era el único en toda la audiencia con ghutra e igal [elementos clásicos del vestuario de la región]", contaba al periódico Gulf Times el realizador de Doha Alí Isa al Shirawi.

Sea como fuere, el DTFF (o Doha Tribeca Film Festival) ha optado por una competición sui géneris: los dos premios de 50.000 dólares (unos 33.000 euros) no los otorgó un jurado sino el público. El más esperado, concedido al mejor filme árabe, fue para Pomegranates and myrrh, sobre un bailarín palestino.

Finalmente, el balance de la primera edición puede calificarse de bueno: 5.000 personas acudieron el primer día a ver Amelia, de la realizadora india Mira Nair, en una proyección al aire libre en terrenos adyacentes al nuevo Museo de Arte Islámico, del arquitecto Ming Pei, sede del festival y orgullo del emirato y la mayoría de proyecciones han contado con buenas cifras de asistencia.

Habrá que ver cómo combina en el futuro el sello Tribeca con "un festival focalizado en Oriente Medio" como lo calificaba Amanda Palmer, directora del certamen (y presentadora estrella de Al Jazeera, cadena televisiva que tiene su cuartel general en Doha) que ayer mismo declaraba que "el objetivo final del DTFF es la creación de una industria cinematográfica propia en Qatar".

El propio De Niro llegó ayer al festival para bajar el telón. Lacónico como de costumbre sólo abrió la boca para dar un mensaje a los asistentes a la ceremonia de clausura: "Lo único que tienes es tu individualidad. Cuantas más películas haces mayor es la tendencia a renunciar a tu creatividad para satisfacer las peticiones ajenas. Trata de no hacerlo".

Y unos cuantos consejos para la prensa...

A pesar de la ausencia total de incidentes y de la evidente asimilación de costumbres y hábitos occidentales por parte de la población local, los organizadores del festival quisieron curarse en salud y dejaron a los periodistas una guía que incidía en algunos aspectos que podrían resultar conflictivos. Así, en un librito azul de formato portátil, se recomendaba al visitante, entre otras cosas, "no solicitar direcciones a mujeres, entendiendo que prefieren relacionarse con los de su propio género" o -en un consejo dirigido al sexo femenino- "cubra sus rodillas y sus hombros y evite la ropa reveladora. Tenga en cuenta además que la ropa irrespetuosa conducirá a atención indeseada e incluso miradas de desaprobación".

A pesar de los consejos (muy comentados entre los miembros de la prensa), en las sedes oficiales del festival se han visto minifaldas, hombros descubiertos y rodillas al aire. Junto con la guía, los profesionales llegados hasta aquí habían recibido como regalo una bolsa hecha a mano y un reproductor digital táctil de altas prestaciones que incluía mapas de la ciudad, los teléfonos de los diferentes departamentos del certamen y, una vez conectados a la red, las actualizaciones del servicio de noticias del festival.

Para acabar, y coincidiendo con la celebración del evento, un grupo de inversores privados ha hecho pública su intención de invertir más de 200 millones de dólares (unos 135 millones de euros) para promocionar el cine de la región, "hartos", según confesaban sotto voce, del perpetuo tópico occidental del árabe malvado y/o terrorista.





El Festival Almería en Corto otorga este galardón a artistas que han rodado en la provincia

Geraldine recibió el premio Almería, Tierra de Cine


Geraldine Chaplin tras recibir el premio Almería, Tierra de Cine

La actriz Geraldine Chaplin recibió el viernes por la noche el premio Almería, Tierra de Cine, que otorga el Festival Internacional de Cortometrajes Almería en corto a los artistas que han rodado en la provincia. La actriz aseguró: "Almería y yo empezamos nuestra carrera cinematográfica al mismo tiempo".

En una rueda de prensa previa al acto, Chaplin confesó sentirse emocionada y feliz de poder recibir el premio y de volver a visitar la provincia en la que, en 1968, rodó la película por la que se la homenajea, Stress-es tres-tres,dirigida por Carlos Saura y en la que Geraldine Chaplin interpretó un papel protagonista. Chaplin recordó Stress-es tres-tres como una película "muy interesante", ya que a su parecer fue la primera road movie española, que comenzó en Madrid y terminó en una playa de cabo de Gata.

La actriz contó cómo en el rodaje de muchas de las películas en las que participó, cada vez que había una escena que transcurría en el desierto, "siempre sonaba el nombre de Almería entre bambalinas, pero finalmente se hacía un decorado con arena o se rodaba en otro sitio". Chaplin aprovechó su estancia en Almería para visitar el Mini-Hollywood en Tabernas, una experiencia que calificó de "absolutamente alucinante". La última vez que estuvo en Almería no pudo visitarlo debido por la "intensidad del rodaje" y esta vez solicitó poder ir al "poblado del Oeste", una excursión que realizó el jueves por la noche "con una luna casi llena de fondo y con cowboys que aparecían como fantasmas".





XI Festival Internacional de Cine de Pyongyang

El cine facilita echarle un vistazo a un país cerrado


XI Festival Internacional de Cine de Pyongyang

PYONGYANG, Corea del Norte — El humor no es lo primero que se le viene a uno a la cabeza al pensar en los habitantes de Corea del Norte, un país conocido sobre todo por su propaganda militante contra Occidente, la escasez crónica de alimentos y un Gobierno internacionalmente aislado que quiere tener armas nucleares.

Sin embargo, el público del XI Festival Internacional de Cine de Pyongyang se divertía no hace mucho de verdad durante la proyección de dramas y comedias occidentales, llegando a estallar incluso en escandalosas carcajadas alguna que otra vez.

 

En la mayoría del resto de países, películas como Schwere Jungs de Marcus H. Rosenmüller, un film desenfadado sobre un grupo de aldeanos bávaros que compiten en las Olimpiadas de Invierno de 1952, sería una diversión inofensiva. Pero no en Corea del Norte, y para demostrarlo había un hombre con un trozo de cartón sentado en la cabina de proyección para tapar el objetivo en el caso de que apareciera algo no apto para ojos norcoreanos.

En esta ocasión, felizmente, el censor del cartón no tuvo un buen día. Su desafortunado intento por mantener el decoro aprobado oficialmente no hizo sino aumentar la diversión de los 2.000 aficionados al cine que se encontraban en el gigantesco Cine Internacional de Pyongyang, que reaccionaron enérgicamente ante la visión de media docena de enormes conductores de trineo alemanes bajándose los pantalones y atiborrándose de comida y cerveza para engordar para una competición.

Tras más de una década de desastres naturales, hambrunas y mala gestión económica, la vida cotidiana no es fácil para los 23 millones de coreanos que viven al norte de la zona desmilitarizada, que ha separado a las dos Coreas desde que terminó la guerra entre los dos países en 1953. Durante los últimos 60 años han vivido gobernados por dos hombres solamente: el fundador de Corea del Norte, Kim Il-sung, que falleció en 1994, y su hijo Kim Jong-il.

Es sabido que Kim es un cinéfilo y entendido en películas de Hollywood, y se dice que financia un edificio de tres plantas en Pyongyang, con 250 empleados a tiempo completo, que alberga su colección de 20.000 películas. Los ciudadanos de a pie tienen que conformarse con películas que hacen publicidad del país.

Sin embargo el festival, celebrado del 17 al 26 de septiembre y en el que se proyectaron más de 100 películas de al menos 45 países, entre ellos China, Rusia, Francia e Italia (aunque no de Estados Unidos, Japón o Corea del Sur), brindó una oportunidad excepcional a los norcoreanos corrientes para echar un vistazo al mundo exterior.

Aproximadamente 120.000 entradas se vendieron o repartieron en los centros de trabajo de toda la ciudad. La demanda era tal que guardias uniformados tuvieron que contener a enormes multitudes, y las puertas se cerraban con cadenas al comenzar la función.

La mayor parte de las proyecciones tuvieron lugar en el Cine Internacional, una impresionante estructura de hormigón construida sobre una isla del río Taedong, que atraviesa la capital. Al contrario que en festivales anteriores, en éste no había barreras físicas que separaran a los norcoreanos de los extranjeros —productores, distribuidores y ejecutivos en su mayoría— aunque los “guías” oficiales recomendaban evitar cualquier contacto con los nativos.

Tanto en la cultura popular como usado como herramienta propagandística, el cine es un elemento central en Corea del Norte, que tiene su propio método para reconocer a las estrellas. Los actores famosos aparecen en carteles por toda la ciudad e incluso en la moneda oficial.

“Kim Jong-il ve el cine como una herramienta muy eficaz para mantener su poder”, declaraba por teléfono Suk-Young Kim, especialista en cine coreano de la Universidad de California, Santa Bárbara. “Para él, es uno de los principales medios para gobernar”. En general, los dramas históricos o las películas de países como Irán o Bangladesh, se consideran en Corea del Norte menos peligrosos desde el punto de vista ideológico que los largometrajes occidentales actuales, que expondrían a los norcoreanos a una tentadora exhibición de la vida y la riqueza de Occidente. Aún así, el festival venía con una advertencia sanitaria. En la ceremonia de inauguración el ministro de Cultura, Kang Nung-su, advirtió que el ir al cine “no debe dañar las facultades de la gente”.

Se mire como se mire, las dificultades económicas han tenido como consecuencia un drástico descenso tanto en la producción como en la calidad del cine de Corea del Norte. “En estos momentos estamos haciendo sólo dos o tres películas al año”, explicaba un alto cargo de la Corporación de Exportación e Importación Cinematográfica Coreana, y añadía: “No son de muy buena calidad”.





Contenidos Festivales


comentarios
© decine · 2008