Buscador
Google
Lista de Correo
Suscribirse Darse de baja
Actores
El actor reaparece hoy en el teatro con un monólogo escrito por él

Vuelve Kirk Douglas a los 92 años


Kirk Douglas, en un acto benéfico

LOS ÁNGELES – Tiene 92 años, lleva cinco alejado de Hollywood y todavía sufre secuelas de la embolia que en 1996 le afectó seriamente al habla. Pero hoy Kirk Douglas se subirá una vez más a los escenarios en Los Ángeles con Before I forget (Antes de que olvide), un monólogo de 90 minutos que él mismo escribió sobre su vida.

Douglas hablará de Espartaco, Cautivos del mal, El loco del pelo rojo y los otros tipos duros que interpretó. Pero sobre todo su monólogo se centra en el más duro de todos ellos, el propio Douglas, quien contra todo pronóstico se mantiene vivo y coleando en una industria de jóvenes.

"Con la obra estoy haciendo algo por mí, pero al mismo tiempo estoy haciendo algo por los demás", comentó al diario Los Angeles Times. Las entradas para las cuatro únicas funciones que hará el actor en una sala de 317 butacas se acabaron en cuanto salieron a la venta. Una taquilla reducida porque tenían preferencia los socios del teatro Kirk Douglas donde se celebran las representaciones, una sala que lleva su nombre porque el actor y productor la rescató del olvido hace siete años, cuando donó 2,5 millones de dólares para su transformación.

También ha vaciado sus bolsillos en otras obras benéficas como las destinadas al Instituto Northridge o la Universidad St. Lawrence, donde estudió, además de crear más de 400 parques infantiles.

Sus problemas de salud también forman parte del argumento de su último libro, Stroke of Luck. "Cuando sufrí la embolia vi las cosas de otra forma. Mi show muestra cómo veo las cosas ahora, lo que me ha pasado y cómo me ha afectado, bueno y malo", confesó el actor a los medios. Una de las cosas que han pasado es que se ha vuelto un "blando", como bromea con él su hijo, el también actor y productor Michael Douglas.

El intérprete que se enfrentó a la lista negra que tenía vetados a liberales y simpatizantes del Partido Comunista durante la caza de brujas del maccartismo asegura que nunca había caído en la cuenta de la dureza que irradiaba su persona antes de su enfermedad. Pero su orgullo de actor no ha desaparecido. La obra no es un acto de autocomplacencia y espera que la crítica se acerque a ver su trabajo.





Reclamación al actor por un trato comercial de hace 30 años

Sean Connery, ante los tribunales de Suiza


Sean Connery, en una calle de Roma

GINEBRA - Corren malos tiempos para Sean Connery. El veterano intérprete del agente 007, de 78 años, está citado para comparecer la semana próxima ante un tribunal de primera instancia de Ginebra para explicar unos negocios de diamantes, importantes sumas de dinero y villas de ensueño en la Riviera francesa. Todo muy acorde a la leyenda del mismísimo James Bond.

La historia se remonta a 30 años atrás e involucra a un promotor inmobiliario e inversor franco-suizo conocido sólo como Jean-René. Este hombre hizo amistad con Connery tras ser presentado por Micheline, la esposa francesa del actor. En 1972 Jean-René recibió un préstamo de Sean Connery de cuatro millones de dólares para inversiones inmobiliarias en la Costa Azul. El actor recibió como garantía títulos de propiedad y joyas por valor de ocho millones de euros. El problema comienza al saberse que Sean Connery terminó vendiendo esos bienes.

Jean-René falleció en 2002 y Christian, su único hijo, reclamó por carta a Connery la devolución de los jugosos dividendos generados por la garantía pero no obtuvo respuesta. Tras el silencio de la estrella de cine, Christian llevó el asunto a la justicia suiza. Según el periódico Le Matin, que ha tenido acceso a la citación judicial, Sean Connery habría recuperado tras la venta de los bienes entregados como garantía una suma hasta 10 veces superior al dinero prestado en los años setenta o, al menos, 45 millones. Otras fuentes hablan "de un beneficio del 1.000%".

Un portavoz de Connery aseguró ayer que "ni sir Sean ni nadie de su entorno tienen noticia alguna del caso ni de la citación judicial". Sin embargo, funcionarios del Tribunal de Ginebra confirmaron que la vista está prevista para la semana entrante. De lo que nadie parece estar seguro es de la presencia de Sean Connery en la sala.





La cantante presentó anoche en el Teatro Rialto su nuevo disco, «Enfants d'hiver», en el decimoctavo aniversario de la muerte de Serge Gainsbourg

Jane Birkin, 40 años de amor


Jane Birkin terminó poniendo en pie al Teatro Rialto

MADRID. Hace poco más de un año, varias personas abandonaban el Círculo de Bellas Artes secándose las lágrimas de emoción. Jane Birkin acababa de comerse las tablas a mordiscos muy pequeñitos, con su voz semiapagada y un austero —en modos, no en número— acompañamiento musical. «Estuvo sorprendente», «estupenda», eran los comentarios que se hacían notar anoche en las puertas del Teatro Rialto, poco antes de que la enorme expectación se diluyese en un mar de placenteras notas musicales.

La niña que saltó del «Swinging London» al París revolucionario tiene ahora 62 años cumplidos, que le han dado para una vida llena de grandezas personales —su idilio con Gainsbourg debe ser el más envidiado de la historia— y musicales —incluyendo éxitos a la última: aquel concierto del Círculo, por ejemplo, comenzó con un tema grabado con Beth Gibbons de Portishead—, pero también para empezar a angustiarse con la responsabilidad y la conciencia social, con ese «soy solidaria, pero podría serlo más». Por eso, el año pasado llegó a Madrid obsesionada con Aung Sun Suu Kyi, activista birmana —y Premio Nobel de la Paz— que cambió su forma de verlo todo. Saber de la heroicidad de una pequeña mujer luchando por los derechos civiles en el peor lugar para hacerlo la inspiró para componer uno de los primeros temas del disco que después grabaría, y que ayer, sólo unos meses después, nos presentó orgullosa: «Enfants d'hiver».

Noche de aniversarios

Anoche, motivo de expectación añadida era que este álbum es el primero en el que escribe todas las canciones (con resultados excelentes, generados por la combinación de regustos neoyorquinos, parisinos, mediterráneos…), pero más aún lo era el aniversario de Su Canción. Nadie sabe si Brigitte Bardot censuró su interpretación de «Je t'aime moi non plus» porque tuvo reparos en escucharse de tan erótica guisa, pero el caso es que cedió a nuestra protagonista una joya sonora que sellaba el pasaporte a los libros de historia para todo aquel que la interpretase con los bemoles requeridos.

Aquella piedra de toque musical de la revolución sexual acaba de cumplir 40 años, y aunque todos sabíamos que no sonaría en el Rialto, muchos soñaron con ese momento cuando Birkin dio las gracias a Gainsbourg, recordándolo en el aniversario de su muerte, antes de terminar de rematar su fabuloso concierto de dos horas.

Seduciendo con sutileza

Tras la retirada de dos grandes carteles con el rostro de Aung Sun Suu Kyi (lo de obsesión no era exagerado, como ven) salieron a escena los cuatro músicos de acompañamiento. Ovación creciente y Birkin aparece, despeinada, con chaleco y corbata, y echa a andar por el escenario bailando con la cabeza las notas de una guitarra eléctrica que interpreta «Ford Mustang». Empieza la seducción, mano en muslo, sonrisa alegre, mirada atormentada. Con la única molestia de un excesivo ruido de fondo de los altavoces, contrabajista, pianista, chelista —una niña con un ritmo que se le salía del cuerpo— y guitarrista —el menos acertado del cuarteto—, desgranaron el nuevo disco de la británica, para después volver a treinta, cuarenta años atrás, a «Ex-fan des sixties», a «Sous le soleil exactement»...

Interpretando canciones de Gainsbourg que nunca había cantado, caminando por el minimalismo, el melodrama y a veces —posiblemente las más convincentes— por la francachela, paseándose entre el público, Birkin redondó una actuación que, a pesar de desarrollarse en un claro crescendo emocional, llenó el alma de principio a fin.





Tilda Swinton interpreta el infierno etílico de una mujer en 'Julia', una película de Erick Zonka que acaba de estrenarse

«La energía y la inteligencia de los alcohólicos me atraen»


La actriz Tilda Swinton, durante la pasada Berlinale, donde ejerció de presidente del jurado

MADRID - Fue ella la que entregó el Oscar a Penélope Cruz. Días antes ofrecía, en calidad de presidenta del jurado de la Berlinale, el Oso de Oro a Claudia Llosa, la directora peruana de la película española La teta asustada ¿Casualidad? ¿Misterio? ¿Las dos cosas? Tilda Swinton provoca estas preguntas.

Tanto su aspecto andrógino como su disfuncional carrera, desde el cine más independiente al rutilante espectáculo de Hollywood, se alimentan de los dos lados del espejo. ¿Hombre o mujer? ¿Artista o estrella? Probablemente, como toca en un trabajo que vive de la máscara, las dos cosas.

«Digamos que todo eso no va conmigo. Soy una mujer. ¿Alguien lo duda? Y lo de los Oscar tengo claro que fue una anomalía, un error», dice y se ríe.

Para que lo del sexo no quede como una impertinencia del que pregunta, recuérdese que uno, si no el más celebrado, de sus papeles, de 1992, fue el personaje que atravesaba siglos yendo de un sexo al otro en la película de Sally Potter, sobre texto de Virginia Woolf, Orlando.

Sobre lo de Hollywood, basta traer a la memoria la ceremonia de los Oscar del año pasado. Allí, Tilda Swinton, a la edad en que otras actrices acostumbran a retirarse (48 años), se hizo con la estatuilla en la misma categoría que Penélope por su trabajo en Michael Clayton, de Tony Gilroy.

Estamos hablando de la misma que fue la musa de Derek Jarman, una de las figuras más furiosamente rebeldes del cine de los 90, con el que empezó a trabajar en 1986 en la película Caravaggio ¿Traición? «Para nada. Yo tengo claro que este cine, el de Jarman, es mi origen, mi vida, mi casa, es el sitio del que vengo y que siempre me acompañará».

Ahora, acaba de llegar a las pantallas Julia, del francés Erick Zonka. ¿Y de qué lado está esta cinta? ¿De películas como Burn after reading, Las crónicas de Narnia o la citada Michael Clayton, o del cine de Sally Potter, Jarman y otros habitantes del extrarradio cinéfilo?

«Del segundo grupo, sin duda». En efecto, la película, presentada en 2008 en el festival de Berlín, es un descenso a los infiernos etílicos. Suyo es el papel protagonista y suya es una interpretación más grande que la propia vida, una especia de homenaje brutal a la Gena Rowlands de Gloria o A woman under the influence. «Desde el principio, la idea no era tanto hacer una película sobre una mujer alcohólica como una película ella misma alcohólica», dice.

Conviene acercarse a la cinta, eso sí, con los prejuicios sobre el asunto bien escondidos en el bolsillo. Nada que pueda ser comparado con algo ya visto. «De toda la vida me ha interesado la idea de poder interpretar a una mujer alcohólica. Es el tipo de energía e inteligencia que ves en la gente borracha lo que me atrae. Muchas veces, el estereotipo en el cine hace del alcohólico un tipo pasivo, un perdedor. La idea aceptada es la de la debilidad, pero mi experiencia privada es muy diferente. Los alcohólicos que he encontrado han sido gente llena de energía, inteligentes, agradables, imaginativos», confiesa con un entusiasmo, dígase, ebrio.

Para que no haya errores, se confiesa la peor bebedora del mundo: «Siempre me ha sentado mal el alcohol. Recuerdo que de joven era a mí a la que le tocaba hablar con la policía cuando nos pasábamos en las fiestas. Era la única sobria». Y se ríe.

Extraño para una mujer natural de Escocia, la patria del whisky. Pero, ya se ha dicho, pocas cosas en la biografía de Swinton Agnès Jaouino obedecen al adjetivo de raro. Con dos hijos gemelos, vive con el padre de las criaturas, el escritor John Byrne, y su actual pareja, el pintor Sandro Kopp, al que conoció en el rodaje de Narnia, donde trabajaba como ilustrador. Todos juntos. El primero es 20 años mayor que ella y el segundo 20 años más joven.







Heroína de cómic: Johansson ya dio vida a Silken Floss en The Spirit

LOS ÁNGELES - Aunque por ahora lo único que está confirmado es que habrá una segunda parte de Iron Man y que Robert Downey Jr. será el protagonista, los rumores que hablan de los posibles integrantes del elenco siguen entusiasmando a los que no ven la hora de que llegue el estreno de la película.

Después de que se supiera que Mickey Rourke estaba en negociaciones para interpretar a uno de los villanos en el filme, en una de las clásicas recompensas que suelen obtener los nominados al Oscar (basta pensar en Thomas Haden Church y su paso por Spiderman 3 como Sandman), se ha confirmado que Scarlett Johansson ha mantenido una reunión con los productores del filme después de que se supiera que la ascendente Emily Blunt (la secretaria de El diablo viste de Prada) probablemente tendrá que dejar pasar el papel de Natasha Romanoff, la espía a la que también se conoce como la Viuda Negra, debido a conflictos con el rodaje de Gulliver’s travel.

Aunque una reunión no es más que eso - también circula con insistencia el nombre de Elisa Dushku como competidora para el papel-,Johansson ya ha demostrado su interés por los proyectos basados en cómics, como su reciente participación en la fracasada The Spirit, de Frank Miller, y es indiscutible que, de llegar a un acuerdo económico, su presencia volvería aún más atractivo el filme tanto para los fanáticos del Hombre de Hierro como para los que suspiran cada vez que la seductora actriz aparece en pantalla.





Contenidos Actores


comentarios
© decine · 2008